Martes, 31 de agosto de 2010

La expresión "poner los cuernos" tiene su origen en la historia del pintor Pitas Payas que cuenta el arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor.


Está inspirado en un cantar medieval de tradición catalana.

En el enxienplo de Pitas Payas, el arcipreste nos cuenta,  la historia de un pintor de Boltaña (pueblo que existió al norte de Cataluña) que tuvo que partir sin más remedio a tierras de Francia (Frandes).

Pitas Payas, que así se llamaba el artista, solo llevaba un mes casado y por más que hubiese querido posponer el viaje a aquella región, no lo podía retrasar más. Los negocios que debía cerrar con sus cuadros le reclamaban allí para mercadear y obtener ingresos.

 Su mujer, entonces, sin más remedio tuvo que despedirse y lo hizo diciéndole:

—"Mas no olvidéis la casa ni la persona mía” .

Pitas, sabedor de la hermosura y belleza de su joven mujer no se lo ocurrió mejor manera para que le guardase fidelidad que dibujarle una pequeña figura "para que ella os impida hacer cualquier locura", dijo. Su mujer accedió y Pitas Payas se dispuso a dibujarle con mucho esmero la figura.

Al pintor se le ocurrió dibujar, bajo el ombligo de su mujer, un pequeño cordero. Terminado el dibujo, Pitas Payas partió hacia Flandes y allí permaneció al menos durante dos años. Su mujer mientras tanto, permanecía inquieta y triste porque para ella, cada mes que pasaba, le parecía un año entero.

Pero llevaba poco tiempo casada y con el pintor había hecho "poca morada", nos dice una de las estrofas. Fue entonces y durante ese tiempo cuando conoció a un amigo y este, en un primer momento solo le hacía compañía por la mañana y después todo el día. La esposa "pobló la posada". Y sucedió lo que tenía que suceder: que el cordero, con tanto trajín y tanta alcoba se le desdibujó a la esposa bajo el ombligo y de él no quedó nada de lo que en un principio había dibujado Pitas Payas.


Se acercaba el día en que regresaba su marido y cuando su mujer lo supo, pidió con urgencia a su nuevo amante que le dibujase, como mejor supiese, un nuevo cordero en el mismo lugar del vientre. Y su amante, con tantas prisas y tanto revuelo, le dibujó un "señor carnero, cumplido de cabeza, con todo buen apero". Qué gran carnero y qué cornamenta.

 

Regresó entonces el pintor Pitas Payas a casa y notó a su mujer desdeñosa y fría por lo que le pidió, una vez en la alcoba, le mostrase la figura del cordero para así certificar que le había sido fiel. De esta manera podría tener solaz con ella y descansar tranquilo.

La mujer le mostró el dibujo y Pitas Payas descubrió aquel gran "carnero de armas prestar". A lo que le preguntó a su joven esposa:

—“¿Cómo, madona, es esto? ¿Cómo puede pasar que yo pinté cordero y encuentro este manjar?”

Ella, de manera sutil e ingeniosa le contestó que nada extraño había en que un cordero, transcurridos dos años, se convirtiera en carnero, con cornamenta y mucho apero.

Esta es la historia del pintor Pitas Payas y de su esposa que acaba con una deliciosa estrofa que reza:

"Por tanto, ten cuidado, no abandones la pieza,

no seas Pitas Payas, para otro no se cueza; 

incita a la mujer con gran delicadeza 

y si promete al fin, guárdate de la tibieza."

Una historia del siglo XV tan divertida como asombrosa donde se nos cuenta cómo un cordero llegó a carnero en dos años y como una expresión, la de poner los cuernos, tuvo su origen en una peculiar anécdota que recogió el Arcipreste de Hita para nuestra literatura medieval.


 


Publicado por PEPE-EL-ZIZANIA @ 12:02
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